Convenciendo a La Muerte

14 Nov

Recuerdo lo que sueño cada día pero el sueño de hoy no podía ser más extraño.

Me encontraba en una especie de reserva natural, equipada con mi cámara para realizar un reportaje. Al fondo veo unos cuatro monos con sus brazos estirados y las manos apoyadas en los hombros del “monkeymate” (compañero del mono. Ya que estoy con el inglés, repaso vocabulario y creo palabras nuevas) Para que os hagáis una idea, la imagen era similar a la conga que todos improvisamos en una Boda, Bautizo, Comunión, es decir  la BBC y fiestas que se aprecien.

De repente, dejo de estar en el lugar para verlo a través de una pantalla y pensar qué música le pega al momento “monkeymate”. “The Lions Sleeps Tonight”  (http://www.youtube.com/watch?v=mwy5uqemp6c) pienso sin lugar a dudas. Vuelvo al lugar (aunque no estoy segura de haberlo abandonado antes) y escucho en directo esa canción. A quien me acompaña le digo “¡Ey!, creo que tengo un don para casar imagenes con música” (en fin, alusiones a mis movidas audiovisuales que me hubiesen gustado desarrollar más de una mano experimentada y no por cuenta propia). Hablo con alguién del recinto para hacerle unas preguntas y obtengo un: “¿Tenéis permiso para grabar?” Como no lo tenemos, ahora la obligación se convierte en conseguir esa autorización.

Continuamos nuestra visita/jornada en la reserva natural que, sin dejar de ser lo que es, la cuesta que subimos se transforma en una muralla de una fortaleza. Aparece una guía, que nos informa de un… (atención al dato surrealista) terrible dragón que descansa/espanta a los visitantes en la parte alta de dicha fortaleza. Con preocupación en sus ojos, nos advierte de que debemos atravesar el pasillo de piedra lo más pronto posible, echando un rápido vistazo a las ruinas de alrededor. A la bestia le bastan pocos minutos para decidir su almuerzo en el buffet libre de nuestros asustados cuerpos. El miedo es el condimento que más huele a distancia.

Llegamos a lo alto. En el suelo veo unos respiraderos desde los que se escuchan los rugidos del animal. Todo… empieza a temblar. Un grupo de personas permanecen unidas en el centro. La guía decide alejarse de éste, corre para poner distancia. Yo la sigo, (nadie mejor que ella sabe lo que hay que hacer para protegerse). El temblor se siente a la izquierda, luego a la derecha. La bestia no para de moverse, y el tiempo de su presentación en público se reduce. Corro junto con la guía a una de las escaleras de la fortaleza, me oculto como puedo en el lateral de éstas. Creo que es demasiado tarde.

La bestia está en el exterior. No recuerdo haberla visto con forma de dragón. Ahora es un ser de grandes alas oscuras que se acerca a una chica enjaulada (no se cómo) pienso que los barrotes más que condenarla, le sirven de protección. Irradia un aura de luz, mientras el ser oscuro de forma pausada (para qué emplear las prisas cuando tu victoria es inminente) le da un tiempo, tal vez, regodeandose en la angustia de la joven. Ésta habla con él. No se qué le ha dicho pero parece haberle convencido para no llevársela.

Permanezco encaramada al lateral de la escalera. La muerte, se aproxima. Pienso que está todo perdido, que es mi destino, de todos los que allí estamos, me ha elegido. Ni siquiera siento rencor por la chica que de alguna forma ha conseguido dirigirlo hacia mí. Ella sólo ha salvado su vida, y tiene todo el derecho a hacerlo. La cosa está bastante seria, y aunque sospechosamente el ser oscuro, no tiene capucha ni hoz, sigue siendo la muerte. Me coge de las manos y me desafía con sus palabras.

– Estás de acuerdo ¿no? -es el único momento que tengo para decir algo que convenza a la muerte
– Hombre… yo tengo mis razones para vivir como tú tienes las tuyas para morir.

Poco a poco suelta mis manos, sonríe. Leo en su cara un gesto de aprobación. La distancia entre ambos se hace mayor y se aleja agitando sus alas.
-¡Gracias! -grita alguién de aquel grupo de personas que parece apreciarme mucho más de lo que creía.
-¡¡¡¡Gracias!!!! grito dando vía libre a la cantidad de adrenalina contenida y con la cabeza hacia arriba viendo como desaparece.

Cuando despierto, vuelvo a pensar en las razones que le doy a la muerte. Y me doy cuenta de que las ganas de vivir me salvan, de que están por encima de todo. Entonces comprendo, que aunque estemos muy perdidos y dudemos de poder alcanzar la vida que queremos. En esas dudas residen las razones que nos motivan a seguir adelante. Aunque no las sepamos, siempre tenemos razones.

Otra cosa de la que era consicente, valga su redundancia y la comicidad de la afirmación, es que la muerte ya está muerta. Lo que sí es perturbador es que según mi sueño, la muerte de La Muerte… fue deseada.

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2 comentarios to “Convenciendo a La Muerte”

  1. Myriam 14 noviembre, 2012 a 14:36 #

    El miedo es el condimento que más huele a distancia… Buenisima frase. Y magnifica como suempre en tus historias/vivencias jaja eso si, deja de ver pelis de suspense xq mezclas generos jajajajajajaja

    • lorejb 14 noviembre, 2012 a 14:52 #

      jajajajajajaja, gracias Myriam!, fiel seguidora d mi perturbada mente XD

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