Desde otros ojos

26 Ene

Todos los días realizo el mismo trayecto, sin embargo, sólo desde hace un tiempo, he colocado notas mentales en determinados puntos. Todavía no he aprendido a caminar despacio pero he alzado más la cabeza para redescubrir la trayectoria de mis pasos.

Mi primera nota mental comienza a pocos metros de mi casa, concretamente en un balcón blanco (de un edificio bastante gris) repleto de geránios  empeñados, o más bien su dueña, en mostrar que su vivacidad se impone al resto de las estaciones con una primavera eterna. No se porqué mi mente ya ha trazado una historia y doy por sentado que la artista de esa viva obra es una anciana rebosante de vida, y que su balcón, es sólo una pequeña muestra de su persona. Cuidadosa, cariñosa, detallista y luchadora.

La segunda nota, se sitúa en la fachada de cristal de un hotel, que antiguamente había sido unos grandes almacenes. En días despejados, esta fachada se convierte en un gran espejo reflejando el cielo azul, pintando cada nube en los cuadritos que forman los cristales. Entonces, este hotel me lleva a la tercera nota mental: “la casa de la playa”. Y es que a la izquierda de este edificio, se sitúa una sencilla casa blanca, con la ropa tendida en la terraza. Si miras directamente al “espejo”, la estampa es un cielo azul con la casa plasmada en él. Una imagen que guarda el calor del verano, los caminos a la playa, la niñez, la alegría y  la nostalgia del rápido paso del tiempo.

Sigo caminando, cruzo el puente. Desde aquí no hace falta levantar mucho la cabeza para ver. Pero si la alzo un poco más y la giro hacia la derecha, vuelve el trayecto a solas y otras acompañada, con mi mochila desgastada y mis pantalones cortos. Ahora el viento sopla demasiado fuerte y frío. Sin embargo, nos  reconocemos y sabemos que ya no queda tanto para reencontrarnos. Yo… cruzando su brazo de hierro y él, esperándome al otro lado.

Aún queda la nota más importante de todas.  Se sitúa, curiosamente, en frente de una tienda de trajes de novia. El sol siempre la ilumina antes a ella que al resto. Su estilo gótico se alza sobre casas y comercios. Sacada de la realidad, hace creer que viene de un cuento. Me da los buenos días con mayúsculas. Pienso “es como un milagro”. Me quedo con la sensación de que significa algo más. Siento que el hecho de no poder pasar sin girarme y clavar mis ojos, es el principio de una frase incompleta. A veces, imagino que un día veré a una chica pasar, con sus prisas de siempre, y justo cuando clave su mirada en la monumental construcción, la miraré. Me miraré desde el interior, en la perspectiva opuesta a la que ahora me encuentro. Será un día en el que ya no haya tantas preguntas. Siento que ese lugar que hoy es una pregunta, mañana será la respuesta de esa chica que temía no encontrarte.

El último apunte, no lo lleva ningún edificio o lugar sino una persona. Mientras le observo caminar con dificultad, imagino que  rejuvenece a cada paso hasta llegar a mi edad. Imagino que soy capaz de descubrir en diez segundos, la apariencia y  energía que le caracterizaba tiempo atrás. Me esfuerzo por conocer  esa “parte exterior” de su vida. Y sentir yo misma, que un día reduciré mi velocidad al andar. Que mis pasos, mi mirada y mis movimientos serán entonces desgastados. Sólo espero seguir admirando el mundo desde otros ojos, que pese a seguir siendo míos, sigan siempre siendo… esos otros.

Encuentro “ovejebus”

9 Ene

El otro día salí de casa con cierta sensación de inseguridad. Como si el día se me fuese a escapar un poco de las manos (el regreso a las clases de inglés después de las navidades es pa acojonarse sí) Miles de preguntas sobrevolaban mi cabeza: ¿Volvería a hablar como Tarzán?, ¿o tal vez como Chita?, ¿había sido mi cerebro capaz de retener los avances en el idioma, o cuando intentase recordar… “¡opp! ¡opp! ¡oppan! Gangnam Style!” ( ¡¿eeeiiin?!) ¿me asaltaría el movido éxito del coreano? Decidí concentrarme en lo que de verdad importaba: ¡Coger el autobús!

Ya en el autobús, era una oveja más del rebaño que a grito de “bEEeEe, BEEeEe” intentábamos avanzar dando cortos pasos obedeciendo a la voz de nuestro pastor: “Por favor, pasen al fondo del autobús” . Es un momento de verdadero estress, la alarma de supervivencia se dispara,  los ojos se agrandan (cual patito de goma por los achuchones ) mientras buscan desesperadamente… ¡UNA BARRA! a la que poder agarrarse y no salir disparada desde el fondo del autobús dando recuerdos al conductor… al otro lado.

Una anciana se baja, diciendome algo antes. “Sí sí, se ha pulsado para la siguiente parada” le confirmo, sonrisas y…  ¡¡una menos!! quiero decir… se bajó.
En una posición que mi hermana bautizó hace poco como “salamanquesa”, (véase también la acción: “hacer la salamanquesa”: dícese cuando alguién se pliega sobre sí mismo en situaciones de escasez espacial), me doy cuenta de que alguién me mira.  ¡Normal leches!, si estamos “apeyugonaos”, sigo mirando al frente,  y un brazo se cruza delante de mí para agarrarse a la barra. Veo una mano de repente casi en mi nariz (podía haberle pegado un bocao perfectamente, pero aún no me dan esos ataques de locura) Me retiro para dejar cierta distancia. Miro al dueño de la mano. El muchacho sonríe, (como diciendo: perdona, pero o me agarro o una oveja menos)  Sonrío.

Vuelvo a mirar al frente con la sensación de que tengo dos ojos en la nunca (y no son míos,  que yo los tengo delante, debajo de las cejas). Ya no sé para donde mirar:  izquierda, derecha… derecha… No, no estoy paranoica, es real ¬¬. Una señora se queja en plan: “¡Nene!, me voy a comer tu mochila” ¡Pero señora que espera! un hombre-oveja (así he decidido denominarnos como pasajeros de este autobús) quiere bajarse y empuja como si de un parto de trillizos se tratase. El chico se disculpa, todo queda en buen rollo. A mi derecha, un hombre dedice abrir camino para finalizar su viaje. Un hombre con el optimismo por bandera porque dice:

-No se para qué estudiais, si terminais la carrera y no hay trabajo.
(¡mmm! oOoh ¡si! como me encantan estos brillantes comentarios mañaneros)
-Bueno, ¿habrá que intentarlo no? -respondo-
– Ya… lo suyo es aprender inglés.
-¡A eso voy yo!, ¡a la escuela de idiomas ahora! -¡yuju!-
– ¿Ah si?, ¿qué idioma estás estudiando? -pregunta el muchacho, dueño de la mano de antes-
– Inglés
-¿Y qué tal te va?

Se desarrolla una conversación, me entero de que estudia bioquímica (¡joder!, suena bastante complicado) le pregunto si está en tercero (para hacer calculos sobre su edad, aunque no es valor seguro, el año no asegura nada) parece jovencito (yo ya no soy una moza como cuando entré xD), y averiguo que está en segundo, que bioquímica es una carrera nueva que han puesto en Málaga y que la Universidad, famosa por hacer las cosas bien, les obliga a irse a Sevilla el tercer año para finalizar la carrera, ya que no la han implantado aquí entera (WTF?!)  por supuesto sin asegurarles residencia ni nada (chúpate esta crítica ¡maldita UMA!) Hablamos de videojuegos, del extranjero… nos presentamos.

– ¿Te puedo decir una cosa?

Madre de dios, ya la hemos liado, ¿qué vas a decir alma de dios? piensalo bien ¬¬

-Si, claro, dime.
– Me gusta el lunar que tienes en la nariz
(a mí nunca me ha hecho mucha gracia pero lo heredé de mi abuela y le tengo cariño. Bueno, el chico va bien… no lo ha estropeao)
-Al principio parece un pearcing (ya, ya lo ha estropeao xD)
Pero después se ve que es un lunar.

“Muuuuuu bien” pienso (me muero de la verguenza ¬¬ ¡siguientee paradaaaaa!)

-Me bajo aquí, encantado
-¡Encantada!, lo mismo digo
(La cosa termina bien)
-La próxima vez, ¡te hablaré en inglés!
(¡Aiiiii con lo bien que íbamos…)
– ahh! jajajajajajejeJEJE…JE – se cierran las puertas del bus y resuena mi risa, todo queda en silencio y pienso… “porqué cuando me pasan estas cosas, ¡¿las veo también desde fuera?! eso hace que te de más verguenza si cabe-

Pero genial, porque considero que este muchacho es la señal del 2013. La que me dice “Bien ChicaNEURA, estás receptiva, ¡actitud! si transmites buen rollo… ¡te pasarán cosas buenas campeona!) xD

La ChicaNEURA

NEURAS al desnudo (fiu fiu) PARTE I

7 Ene

Después de un tiempo vuelvo para decir… ¡Feliz 2013 queridos neurotiquillos! (y a los que no lo son también, es más, me alegro por vosotros, por vuestra buena salud mental) No quería poner “neuróticos” porque sonaba a insulto, es como si os dijese “¡Feliz 2013 chalaos!”, “¿pero está tia de qué va?” hubieses pensado, pues de ¡¡NEURÓTICA!!…… Será un gran año para todos, estoy segura, (cara de perro olfateando) ¡lo huelo!

La entrada de hoy va sobre esas cosas incómodas que te pasan, manías, neuras… que te preguntas “¿serán sólo cosas mías? ¿o les pasa también al resto de los mortales?” El caso es que tengo un problema al pronunciar mi nombre (¡mierda!, quería escribir permaneciendo en el anonimato pero veo que me traicciono constantemente), quiero decir… cuando llamo a un portero electrónico, (normalmente asfixiada porque para no llegar tarde a los sitios, no salgo un poco antes como las personas normales, salgo cuando me parece dejando una estela por las calles a grito de “mic mic”) intento aprovechar los minutos que tardan en responder para tragar saliva, recuperar aire (sí, aparentar que he llegado paseando) y humedecerme los labios para no parecer una oveja cuando hable (si os escondéis el labio superior… queda una imagen bastante divertida a la par que rídicula).

-¿Si?, ¿Quién es?
– Soy ¡Lolena!”

Y no, no me he confundido con el teclado. Es que no se porqué, ante la “r” mi lengua, de trapo en ese instante, coloca una jodida “l” en sustitución de la consonante que haría sonar mi nombre de forma correcta. En ese momento me pregunto porqué mis padres no me pusieron un nombre sin “r”

– Piiiiiiiiii (se abre la puerta)
-Lolena, Lolena… Lowena (a veces m sale algo lejos de la “r” y la “l”) LoRena LoREEEEna. Me repito mientras llega el ascensor, en voz baja por supuesto. Aún me queda cabeza para pensar que si abren la puerta del piso, lo que digo en voz alta se escucharía y pasarían a pensar que sufro peculiares trastornos.
Pero no me pasa siempre ¿eh? es cuando no tengo fuerza para articular palabras porque llego asfixiada a los sitios… que suele ser siempre.

Otra cosa que me pasa, es que cuando alguién me manda a buscar/coger algo. Una voz en mi mente (como Voldemort con Harry Potter. Aclaración: no escucho voces, es para darle más dinamismo al relato) me recuerda lo despistada y desastre que soy. De ese modo, si tengo el objeto en cuestión delante de mis narices, no lo veo.

-¿Ya? ¿ lo has visto?
– Emmm, ¡no!, estoy mirando por aquí…
– ¡A la derecha! a la derecha del mueble -Miro a la derecha del mueble, donde no veo nada-
-A la derecha del mueble donde está la cajita de colores que hay encima de la silla -Y ya la hemos liao. Mi mente sólo tiene una laaaaaarga frase con demasiados elementos a los que hacer referencia. No los analiza, la caja se vuelve “ninja”, camuflando sus colores bajo el negro, y yo… yo busco una caja de colores inexistente.

Esto es algo que ya voy superando. Y cuando ahora me mandan a buscar cualquier cosa, me repito las palabras y me digo “Tranquila, tiene que estar, tú sólo escucha lo que te dicen, sigue la voz…. y si ves una luz blanca…. no vayas a ella cual polilla desesperada”

(Seguir leyendo “NEURAS al desnudo” PARTE II)

NEURAS al desnudo (fiu fiu) PARTE II

7 Ene

También tengo conflicto con el baile. Me explico. Si estoy en algún local con música, yo sola bailo estupendamente (y si es música ochentera más, se me mete en el cuerpo, es como una electricidad que te sacude!) Pensaréis: no digas más, bailas como la Exorcista sube las escaleras. Pero no, de verdad, creo que me muevo con bastante ritmo. El problema viene, cuando un chico quiere bailar conmigo. En ese instante, un duendecillo me corta el pie derecho (no se como lo hace porque no deja rastro de ná, ni siquiera me duele, es un corte limpio) y me coloca otro pie izquierdo. Así que, el resultado es que me vuelvo arítmica. Parece más bien que estoy aprendiendo a andar.

Tengo que decir que hace tiempo que no salgo a darlo todo… sí, me sentía como Benjamin Button cuando tenía 5 años.
Pero eso se va a acabar este 2013, os lo aseguro. Tengo ganas de celebrar mi vigesimo quinto cumpleaños (aunque no lo diré muy fuerte. Está comprobao que a lo que dices en voz alta, le responde un corte de manga o… saludo hawaiano como me gusta llamarlo)

Y ya, para finalizar, contaré una observación que hice el otro día cuando salí a tomarme una copa.
He ampliado mi ángulo de visión, ahora veo más cosas (¡muajajajaja!) no, digamos que estoy más pendiente de todo… así que me fijé en la gente (sobretodo tios) que había por el fondo. A nuestra derecha teníamos al coro de Melody… 5 tíos gruñiendo y riendo todo el rato, “¡¡uh uh uh!! JAJAJA” (porque ellos se ríen así, con un altavoz en las puñeteras cuerdas vocales) con ese panorama me fijé más en lo que había por otro lado. Total ví a un tío (ni guapo ni feo) pero me pareció normal, y eso… ya es un milagro (fijaos que difícil lo tienen pa ligar ¿eh?)

– Hola soy un tío normal
-¿Perdona?
– Nada, disculpame pensé que…
-No no no, repítelo
-¿El qué?
-Lo que has dicho.
-Soy un tío normal
– A las 6:00 en Woman Secret de C/Larios (qué raro)
¡¿dónde has estado escondido TODO ESTE TIEMPO criaturaaaaaaa?!

¿Por dónde iba?…. ¡ah eso!, ¡el tío del fondo!, no era ni guapo ni feo pero lo vi normal, hasta que……….. al rato volví a mirar y lo divisé introduciendo uno de sus dedos en la boca para deshacerse de… cuando comes algo que se te queda pegado a las muelas? pues eso. Ahora me estoy tratando psicológicamente.

¡Y eso es todo por hoy!
¡Contadme cosas que os hayan pasado! manías, neuras… ¡cosas asquerosas como ésta última!
escribid lo que sea ¡aquí o en FB! aunque aquí molaría más, porque al menos ¡tendría visitas! 😄

¡Un abrazo a vuestras neuras!

La Chica NEURA

Convenciendo a La Muerte

14 Nov

Recuerdo lo que sueño cada día pero el sueño de hoy no podía ser más extraño.

Me encontraba en una especie de reserva natural, equipada con mi cámara para realizar un reportaje. Al fondo veo unos cuatro monos con sus brazos estirados y las manos apoyadas en los hombros del “monkeymate” (compañero del mono. Ya que estoy con el inglés, repaso vocabulario y creo palabras nuevas) Para que os hagáis una idea, la imagen era similar a la conga que todos improvisamos en una Boda, Bautizo, Comunión, es decir  la BBC y fiestas que se aprecien.

De repente, dejo de estar en el lugar para verlo a través de una pantalla y pensar qué música le pega al momento “monkeymate”. “The Lions Sleeps Tonight”  (http://www.youtube.com/watch?v=mwy5uqemp6c) pienso sin lugar a dudas. Vuelvo al lugar (aunque no estoy segura de haberlo abandonado antes) y escucho en directo esa canción. A quien me acompaña le digo “¡Ey!, creo que tengo un don para casar imagenes con música” (en fin, alusiones a mis movidas audiovisuales que me hubiesen gustado desarrollar más de una mano experimentada y no por cuenta propia). Hablo con alguién del recinto para hacerle unas preguntas y obtengo un: “¿Tenéis permiso para grabar?” Como no lo tenemos, ahora la obligación se convierte en conseguir esa autorización.

Continuamos nuestra visita/jornada en la reserva natural que, sin dejar de ser lo que es, la cuesta que subimos se transforma en una muralla de una fortaleza. Aparece una guía, que nos informa de un… (atención al dato surrealista) terrible dragón que descansa/espanta a los visitantes en la parte alta de dicha fortaleza. Con preocupación en sus ojos, nos advierte de que debemos atravesar el pasillo de piedra lo más pronto posible, echando un rápido vistazo a las ruinas de alrededor. A la bestia le bastan pocos minutos para decidir su almuerzo en el buffet libre de nuestros asustados cuerpos. El miedo es el condimento que más huele a distancia.

Llegamos a lo alto. En el suelo veo unos respiraderos desde los que se escuchan los rugidos del animal. Todo… empieza a temblar. Un grupo de personas permanecen unidas en el centro. La guía decide alejarse de éste, corre para poner distancia. Yo la sigo, (nadie mejor que ella sabe lo que hay que hacer para protegerse). El temblor se siente a la izquierda, luego a la derecha. La bestia no para de moverse, y el tiempo de su presentación en público se reduce. Corro junto con la guía a una de las escaleras de la fortaleza, me oculto como puedo en el lateral de éstas. Creo que es demasiado tarde.

La bestia está en el exterior. No recuerdo haberla visto con forma de dragón. Ahora es un ser de grandes alas oscuras que se acerca a una chica enjaulada (no se cómo) pienso que los barrotes más que condenarla, le sirven de protección. Irradia un aura de luz, mientras el ser oscuro de forma pausada (para qué emplear las prisas cuando tu victoria es inminente) le da un tiempo, tal vez, regodeandose en la angustia de la joven. Ésta habla con él. No se qué le ha dicho pero parece haberle convencido para no llevársela.

Permanezco encaramada al lateral de la escalera. La muerte, se aproxima. Pienso que está todo perdido, que es mi destino, de todos los que allí estamos, me ha elegido. Ni siquiera siento rencor por la chica que de alguna forma ha conseguido dirigirlo hacia mí. Ella sólo ha salvado su vida, y tiene todo el derecho a hacerlo. La cosa está bastante seria, y aunque sospechosamente el ser oscuro, no tiene capucha ni hoz, sigue siendo la muerte. Me coge de las manos y me desafía con sus palabras.

– Estás de acuerdo ¿no? -es el único momento que tengo para decir algo que convenza a la muerte
– Hombre… yo tengo mis razones para vivir como tú tienes las tuyas para morir.

Poco a poco suelta mis manos, sonríe. Leo en su cara un gesto de aprobación. La distancia entre ambos se hace mayor y se aleja agitando sus alas.
-¡Gracias! -grita alguién de aquel grupo de personas que parece apreciarme mucho más de lo que creía.
-¡¡¡¡Gracias!!!! grito dando vía libre a la cantidad de adrenalina contenida y con la cabeza hacia arriba viendo como desaparece.

Cuando despierto, vuelvo a pensar en las razones que le doy a la muerte. Y me doy cuenta de que las ganas de vivir me salvan, de que están por encima de todo. Entonces comprendo, que aunque estemos muy perdidos y dudemos de poder alcanzar la vida que queremos. En esas dudas residen las razones que nos motivan a seguir adelante. Aunque no las sepamos, siempre tenemos razones.

Otra cosa de la que era consicente, valga su redundancia y la comicidad de la afirmación, es que la muerte ya está muerta. Lo que sí es perturbador es que según mi sueño, la muerte de La Muerte… fue deseada.

Gracias, por favor

13 Oct

Creo que la primera palabra que debemos enseñar a los niños no es “papá” o “mamá” es… “GRACIAS”. Me comprometo a darle la tabarra a mis futuros hijos repitiéndoles día, tarde y noche “graciasgraciasgracias”.

– ¡Ay mi niña!, ¿qué le gusta decir a mi niña?, ¡Graaaa…cias!
– ¡Tatatá!
– Sí, tatatá también, pero además le gusta decir…
-¡Prrrrr!
– No, eso es lo que le gusta hacer. Se dice graaaa….
– Maaaaa
– No no, tu primera palabra debe ser…
– ¡MA!
– ¡Oh dios! ¡ya la he liado!
– ¡Mamá! -contesta entusiasmada moviendo los brazos hacia arriba y hacia abajo. Yo me llevo las manos a la cabeza. Misión fallida.

Y es que el tema de hoy, es mi indignación ante la escasez del uso de esta maravillosa y agradecida palabra. Tal es mi indignación que he llegado a cuestionarme si no he salido de fondo alguna vez, en una de esas fotos que Iker Jiménez muestra en pantalla a la audiencia nocturna.

Hace unos días, caminaba subiendo una cuesta que bajaba una niña con bici, el caso es que hambrienta o no, iba a comerse un pedazo de la pared. Su padre y yo corrimos. Llegué a tiempo para evitar la castaña (sí, como esas que están asando ahora pero grande y dolorosa) y sujeté el mango de la bicicleta que temblaba por el desequilibrio, la niña seguía mirando la pared. El padre, acude rápidamente (¡a preocuparse por su hija! pensaréis)  bueno, más bien, a echarle la bronca a la pobre. Yo observaba la escena pero no escuchaba nada, ¿estaba realmente allí?, cuando ya me iba con el silencio por respuesta, la madre me obsequió con esa gran palabra hastiada por su desuso. Tuve suerte, esta vez la escuché.

Hace poco me encontraba en el supermercado. En la sección de congelados a un señor se le cayó una parte del plástico de las cámaras frigoríficas esas, me agaché para cogerlo y ayudarle. El señor ni siquiera me miró, lo cogió de entre mis manos sin inmutar y continuó a lo suyo. En esos momentos si no te dan las gracias, uno mismo se las da y sonríe (alguién tiene que hacerlo ¿no? y yo no pensaba irme de allí sin sentirme bien)

Hoy, en frente del Málaga Plaza, había un coche antiguo precioso con la marca de un perfume, aparcado en el lateral del edificio. Le hago una foto a mi madre con el vehículo. El hombre de al lado me pide que le haga una. Yo encantada, me gusta que me pidan hacer fotos, me lo tomo como algo personal.  El hombre posa como si fuese su propio vehículo, cruza las piernas, se apoya en él con un brazo y saca pecho.

– ¿Quiere una segunda?- le pregunto. Acepta mi propuesta, le digo que la mire a ver si le gusta (también porque soy un poco torpona con los móviles y puede que al final no haya rastro de las fotos)
– ¡Ohhh!
¡Qué bien!, la foto se ha hecho y está contento. Tan contento que pasa de mi careto, de la simpatía de mi madre y en lugar de “gracias” escuchamos:
– ¡¡YOLI!! y corre hacia sus colegas. Me marcho. Apenada con él, con la sociedad.

Por eso, tras mucho pensar, he llegado a una clara conclusión, de hecho no se cómo no he podido hacerlo antes. Lo más simple se nos escapa
Soy como los niños de Nicole Kidman o como Nicole Kidman en… ¡”Los otros”!  Sí, me creo que estoy viva, que respiro y hasta me empeño en seguir comiendo chocolate cuando… ¡nadie me ve! (no me refiero a comer chocolate a escondidas, sino a que soy transparente ¡una “Casper”! Así, hay gente especial, como éste último (bueno este qué especial ni leches,  éste era tonto) que puede verme, aunque ellos no saben que pueden. Y otros que no, como el hombre del supermercado, el padre de la niña-bici (suena a número circense) y tantos otros. Ahora estaré más pendiente por si me ladran los perros que dicen que tienen un sexto sentido para estas cosas, aunque todos me caen muy bien y creo que es recíproco.

En conclusión, cuando alguién nos da las “gracias” a ti te sale  un “¡no é ná!”, “no hay de qué”, a lo que pueden responderte “es de buen nacío ¡ser agradecío!”  o simplemente se desencadenan frases tan bonitas como: “¡Las que tú tienes!” ó “¡las que tú me haces! ¿Véis lo que se puede conseguir con esta palabra? ¡nada malo!

¡GRACIAS!

JUMANJIMARK

7 Oct

No podía esperar a escribir sobre mi breve experiencia como consumidora de JUMANJIMARK, nombre con el que he decidido denominar a PRIMARK (ya sabéis, la tienda de ropa) Quiero aclarar que mi intención no es hacer mala publicidad, sino dar mi opinión sobre algunas normas y  la fauna consumidora de la que yo,  “Lorena de la Jungla”, formé parte.

Me disponía a hacerme con una de las cazadoras negras de “cuero” con chapas, que tanto parece llevarse este año ¡por suerte para mí!, ya que siempre me han gustado. Creo que tienen un rollo ochentero con el que me identifico bastante. Para mi desgracia, no había de mi talla, aún así cogí la más grande de las tallas disponibles por si… sonaba la flauta. Me hice con una camiseta y de camino hacia al probador con un pañuelo. JUMANJIMARK es todo cola, como Terra Mítica o Isla Mágica. De hecho, ahora que lo pienso, creo que JUMANJIMARK podría ser el nombre de un nuevo parque de atracciones.

Con la ropa que quería en mi poder, esperaba en otro colón con el objetivo final de llegar a los probadores.  El chico que atendía se afanaba en quitarle las perchas a la montaña de sujetadores y bragas de la mujer que había delante de mí, lo que me llevaba a hacerme la siguiente pregunta: ¿Cuánto tiempo llevaba esa mujer sin comprarse bragas? Aquel muchacho se merecía batir un nuevo Guinness de los Record. Quitar tantísimas bragas de aquellas perchas en el menor tiempo posible es un trabajo delicado, minucioso que requiere de veloces y hábiles manos. Superada la prueba, ¡era mi turno!
– ¡Hola!
– Hola, la cazadora y el pañuelo me lo quedo yo ¿vale?, no se puede pasar con ello, lo siento.
Realizando RAM (Rápido Análisis Mental) Loading…

Probadores -> En los talleres de costura, almacenes, tiendas de ropa, etc., habitación en que los clientes se prueban las prendas de vestir. Y no lo digo yo, lo dice la RAE, esos señores sabios con asientos de por vida que definen las cosas. Cazadora + Pañuelo = “Me lo quedo yo ¿vale?, no se puede pasar con ello” -> Pantallazo azul en mi cabeza: “Error, error…” ¡oh dios! ¡he de desconectarme del sistema o el bucle infinito acabará conmigo!
– Amm, vale, no lo sabía
– Lo dejo aquí y despues te lo devuelvo
– Bien… bien. (De bien nada, ¡claro que me lo devuelves! ¡faltaría más! pero se que cumples órdenes y no es contigo con quien he de pagar mi indignación ante tal norma)

Tengo que hacer un paréntesis obligado, ya que no puedo evitar preguntarme qué hubiese pasado si sólo llevara la cazadora ochentera. Veamos.
Cola… cola… más cola… ¡es mi turno!
– ¡Hola!
– Hola, la cazadora no puede pasar, me la quedo yo ¿vale?
– Emm… es que… mm no llevo nada más
– Puede entrar a mirarse al espejo

Sí, hoy todo está sobrevalorado, uno no puede mirarse al espejo sin más, ¡debe ganarselo con el sudor de la espera!
En fin, bromas a parte. Entro en el “Club Changing Room” (probador, pero en inglés suena más estiloso) y digo club porque antes de llegar tienes que pasar por unos pasillos con paredes negras. A la derecha otro pasillo lleva al probador de los hombres, a la izquierda, el de las mujeres. Me aseguro de que no haya un matón/ gorila/ portero discotequero en la puerta y accedo al final… ¡al changing room! ¡yuju! Unas perchas-botones pretenden ser utilizadas para colgar las prendas que de forma inevitable terminan en el suelo. Me pruebo la camiseta que no me gusta como me queda, y me voy con la sensación de salir de un garito que no tenía buena música y para colmo no ponían copas.

Una vez fuera, voy en busca de un espejo despejado (parece un juego de palabras) pero todo en JUMANJIMARK amigos, está solicitado. Lo comparto con una muchacha y compruebo que mi anhelada cazadora me queda demasiado estrecha. ¡Arggg! con lo bien que me sentaba, me sentía una macarrilla motera, una rock star con esas chapas. No se porqué a la mente se me viene Mario Vaquerizo, será porque viste con chaquetas de cuero y me lo imagino diciéndome

“¡Es ideal nena!, y aunque te esté pegada no importa, pero como eres muy discreta… you are very “discreti”

Gracias por tu opinión Mario, pero tengo que terminar esta entrada.

En JUMANJIMARK puedes viajar al pasado, y aunque soy una amante de la música de los ochenta y el cuero, no lo soy tanto del resto de la ropa, como las hombreras o los jerseys. Os juro que vi un jersey de cebra al lado de otro chillón que al cerrar los ojos, puedo ver todavía puntos de colores. He visto cosas… (parezco el niño del Sexto Sentido) que me han dejado sin reacción, con un grito ahogado. Tan sólo me respondía el dedo índice para señalarlo y hacer uso del adjetivo “aberrante” En la carrera podrían habernos definido el concepto de plano aberrante con tan sólo enseñarnos aquel jersey de Primark. Inclinado, torcido… un ejemplo inequívoco.

Pero lo mejor a veces no es alguna ropa, sino quienes la buscan. Me encontraba consultando las tallas de unas sudaderas cuando recibo un “sutil” empujón, como no me da coraje que me toquen (tono irónico) miro hacia mi izquierda y hacia abajo, ya que la desconocida cabeza había ganado terreno invadiendo mi espacio. Un moño alto y desarreglado se abría paso. Y ya lo entiendo todo, me muerdo la lengua, mi última intención es montar un numerito. No quiero ponerme “laleilo”, menos mal que mi mente a veces va más rápido que mis acciones recreando la escenita.

– Aiiiiilapaaaaaaaayaaa ¡¡¡eshaaa pa yá!!! ¡que me tá etorbando!
– ¡¿Tanto te cuesta pedirlo por favor?!
– Cusha la pijaaaaa, ¡¿por favó de quéeeee?! que yo hago lo que me sale del “MOÑO”* (ya sabéis la traducción)
– ¿Qué quiere que te hable en tu idioma? (si no puedes con el enemigo únete a él) ALIALIO
– ¡¡AliAliAli se la llevó!!
– ¡AliAliAli se la llevó!
Y aquí paz y después gloria, pues no hubiese sido un mal final no. Tampoco realista.

Nuestra visita a JUMANJIMARK termina tras ver la ropa tirada, las masas de gente rebuscando en cada zona, e invocando el “¡a euro niña! ¡a euro!” en mi mente. Pienso que no hay ni habrá nunca personal suficiente para mantener a esa tienda alejada del desorden infinito. Pero si queremos irnos de Primark tenemos que pasar por caja, y en un parque de atracciones ¿qué es lo que no puede faltar? LA COLA.

Pienso que el INEM ha encontrado competencia. Sí, ya hay una cola que casi la supera. Si estáis leyendo esto es que no he muerto. Yo “La ChicaNEURA”, sobreviví para contarlo.